Higienización, higienización, higienización

Nota:  Estas son ideas en crudo para que quien quiera las tome, las valide y en caso de que resulten, logre apuntalarse en ellas para esta nueva etapa. Insisto: no están validadas y no deben tomarse como una receta ni como una orientación sin que su empresa realice el proceso adecuado de análisis y experimentación.

Comentaba hace unos días en LinkedIn, que una empresa transnacional en Costa Rica está apoyando a los comercios aledaños a su sede con un porcentaje de los ingresos que han dejado de percibir por la modalidad de teletrabajo asignada a sus trabajadores. Esta empresa considera que eso esa parte de su responsabilidad social. Lindo ejemplo, ¿cierto?

Sin embargo, las pequeñas sodas son apenas uno de los múltiples casos que podemos enumerar, de negocios que dependen de que las personas tengan lugares de trabajo distintos a sus casas. Choferes de Uber, vendedores de plátanos tostados y caldosas en la carretera, pequeñas sodas y restaurantes, pulperías donde compramos la chocoleta después de almorzar y hasta las tiendas de ropa que ahora no necesitamos (al menos, los pantalones que no se ven en pantalla).

Uno de esos casos es el de las empresas de limpieza de oficinas. ¿Qué tanto se contraerán los espacios de trabajo presencial?, ¿Cuántas personas han tenido que despedir o dejar en suspensión? , ¿Cuántos escritorios necesitarán las oficinas una vez que esta prueba de que el teletrabajo funciona genere cambios en esos espacios presenciales? Evidentemente, para estos negocios, nada volverá a ser igual.

Sin embargo, esta necesidad de tener espacios limpios, con controles estrictos, con productos seguros y con protocolos apropiados, ahorá se trasladará a otros espacios. Pensemos por ejemplo, los restaurantes.

Hace unas semanas, en la primera etapa de aislamiento, fuimos a comer a un restaurante de mariscos ubicado en San Pedro. El local tenía mesas bloqueadas para guardar la distancia, el mesero se limpió las manos con alcohol en gel cuando entramos y limpió la mesa con alcohol antes de que nos sentáramos. Después, limpió cada uno de los menúes antes de ofrecérnoslos y más tarde nos trajo los platos usando guantes. Wow.

En aquel momento, algunos clientes no parecían muy convencidos de que aquello no era pura pantomima y quizás los mismos empleados tampoco lo estaban. De hecho, cuando terminamos de comer, el retiro de los platos ya se hizo sin guantes. Sin embargo, el ejemplo es notable porque esa noche, aún en un día entre semana, a un 50% de su capacidad, ese negocio obtuvo jugosas ganancias y la propina de los meseros fue más que aceptable.

Entonces imaginemos esto: las empresas que antes limpiaban oficinas, ahora limpian los restaurantes. No barriendo ni haciendo lo básico que hasta ahora era costumbre (eso tendría que hacerlo alguien de planta) sino llegando varias veces al día a desinfectar las perillas de las puertas, las mesas, sillas, menúes, mostradores, botellas de salsa, servilleteros, la chilera* y todo aquello que nos da miedo tocar ahora cuando salimos.

Imaginemos además que una de esas empresas logra capturar diez negocios que se ubican en un radio de 5 Km. Imaginemos un solo equipo de dos o tres personas recorriendo Barrio Escalante en una van con la marca bien visible, haciendo turnos y colocando un banderín afuera de los locales que cuentan con su servicio de higienización especializado.

Como decía el especialista Gabriel Hidalgo (Asceleración) en una charla compartida por AUGE UCR el 22 de abril, el regreso a los restaurantes no ocurrirá porque el gobierno disminuya las restricciones. Las personas no consumimos por órdenes del gobierno. No es que nos dan permiso y salimos masivamente a inundar los negocios. Yo agrego que tenemos miedo, mucho miedo. Salimos a la calle y cruzamos de acera, nos miramos con sospecha o en el mejor de los casos, con temor de ser asintomáticos y arriesgar a las demás personas. Por la razón que sea, nos vamos a comportar como nuestros temores nos permitan y los negocios deben tomar medidas que generen confianza. Y esas medidas no pueden ser cosméticas, no pueden ser apariencias. Yo digo -no tienen que creerme- que un banderín de “zona higiénica” afuera de un restaurante me daría más ganas de entrar.

* Inicio lista de cosas que según yo, se extinguirán:

  1. La chilera colectiva con una sola cuchara que todos los clientes usan y se pasan de mesa en mesa.
  2. Los menúes para leer en la mesa.
  3. Las mesas para más de 6 personas. De hecho, habrá paneles de acrílico entre las mesas que harán imposible hacer grupos grandes.
  4. Los trapos que pasan de mesa en mesa. Tendrán que usar toallas de papel.
  5. Las puertas que se deban abrir con la mano.
  6. Los inodoros con botón o cadena. Eso sí, necesitamos que los sensores no nos traicionen.

Esta chilera es una obra de Lucy Sandí

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